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El desdoblamiento de un personaje en la literatura

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Un autor hace uso de las palabras para crear <<un mundo representado>>. García Barrientos expone que “la relación entre el mundo literariamente representado y el mundo real” es una cuestión que se ha planteado en la literatura a lo largo de la historia. El desdoblamiento de personaje es un recurso literario que hace evidente la presencia de la ficción y realidad en un texto.

Estas herramientas que utiliza el autor le dan cierta dificultad al texto que exigen del lector ciertos conocimientos o “condiciones necesarias para que una obra produzca sus efectos” (Barrientos 1998). La condición básica es aceptar la ficcionalidad en la voz del autor, es decir, saber distinguir entre el autor real y el autor literario. De esta manera podremos separar al autor que escribe una obra de las figuras dentro de ella.

Se debe saber también que el lector es el receptor que hace posible el proceso comunicativo al descifrar el mensaje de una obra. Detrás de las palabras se esconde el significado que una persona familiarizada con la lectura es capaz de entender. Lo que el autor quiere expresar se encuentra en figuras retóricas que van más allá de la <<significación>>, de lo que las palabras del texto dicen.  

En el desdoblamiento de personaje, el protagonista de una historia sufre un cambio drástico de personalidad en el que se ve envuelto en una nueva vida dentro de otro espacio y tiempo que finalmente se sobreponen al de su existencia anterior, es decir, el personaje termina siendo una persona completamente distinta a la que era cuando empieza la historia.

En “La noche boca arriba” de Julio Cortázar es claramente notorio los saltos que hace el protagonista hacia las dos dimensiones en las que se encuentra viviendo, una dentro de una época actual y otra como un moteca capturado por los aztecas. Cortázar se ayuda de los sueños y otros elementos significativos como las fragancias para poder distinguir los espacios en los que se encuentra el personaje.

El autor da pistas para que el lector pueda ir considerando un cambio radical en lo que superficialmente se puede contemplar como realidad y ficción en la lectura. Un ejemplo de ello es la imposibilidad del personaje de “La noche boca arriba” dentro del mundo actual, (que a primera instancia podría considerarse como real) de tomar agua o la posibilidad de captar olores en sus sueños. De la misma manera que al final de “La cena” de Alfonso Reyes el personaje narra “Sobre mi cabeza había hojas, en mi ojal, una florecilla modesta que yo no corté”, frase que remite al lector a pensar en todo lo que ha ocurrido en la historia como una realidad.

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